martes, 24 de marzo de 2020

Diario del confinamiento días 1 y 2

Si es que existieran otros tiempos después de la pandémica locura, algún antropólogo varado encontraría estos recuerdos olvidados de un Don Nadie llamado Eduardo, al que le decían Dito o el Cucho.

Día 1 de simulacro de confinamiento.

Ante el elegante e innovador llamado de nuestra alcaldesa el día de ayer, un día después de que me clasificaran como cucho, llenamos nuestra despensa y nevera y nos preparamos para el aislamiento de 4 días. 

Hoy viernes los ánimos están altos. Ayer sonreímos con nerviosa volteada de jeta que refleja el innegable temor a lo desconocido y nos aperamos de los juegos de mesa olvidados en el laberintico closet a donde va a parar todo aquello que ya no necesitamos, pero guardamos con la esperanza de volverlo a usar. Nos prometimos darle garrote al juego en agradable compañía. Yo me ilusionaba con las sesiones culinarias y el atraco al bar en compañía de Ana María.

La mañana transcurrió sin novedad, Lolo y Fede en clases virtuales del colegio, Ana María trabajando y yo entre clases y reuniones de trabajo. Me puse una camisa y unos calzoncillos y me sentí esplendido. Siempre me imaginé que los presentadores de noticieros se ponían saco y corbata y las mujeres la parte alta del sastre, quedándose en calzoncillos y calzones mientras presentaban el noticiero, y así sin que nos diéramos cuenta ventilaban la parte inferior del cuerpo sintiéndose esplendidos y libres. Con mi nuevo ajuar pasé una feliz mañana.

Entre pausa y pausa de mis clases y reuniones preparé una salsa boloñesa para la pasta del almuerzo. Utilicé la receta de mi madre mejorada con el tiempo y la dejé reposar para que concentrara sus sabores. Ya en la tarde preparé el almuerzo en compañía de Ana María y almorzamos todos juntos. Después de lavar los trastes y arreglar la cocina, cada uno se enfrenté al final de las labores de cierre de semana para enfilarnos al fin de semana largo que nos esperaba. Me serví un jerez y lo acompañé de otro mientras tenía una reunión de cierre de semana y contención con mi equipo de trabajo. Fue una reunión linda acompañada de empatía y escucha. 

Al final de la tarde me apuré un par de rones revisando las redes sociales y los medios y me entraron algunas preocupaciones propias de vida. Observé cómo muchos padres orgullosos publicaban fotos de sus hijos en clases virtuales. Niños limpios y hermosamente vestidos (algunos de frak y corbata) en espacios limpios y hermosamente dispuestos. Subí a ver a mis hijos que recibían sus clases en la cama, en camisetas de manga sisa de entrenamiento y pantaloneta, y me cuestioné. Para no darle mas cavilaciones al tema me justifiqué con el argumento del respeto por su personalidad y su propio proceso de aprendizaje que es claro puede darse desde la cama.

Decidí entonces abordar mi segunda preocupación, que es el parón económico. Hice proyecciones, cuentas,  “excelié”  escenarios y decidí llevarle este problema a nuestros generosos banqueros que andan anunciando alivios, ayudas y créditos blandos. El martes trabajaré el tema, pensé, y me bajé otro ron. Antes de que entrara la noche pensé en los distintos sectores de la economía que se verían tan afectados como el mío. Encontré grandes similitudes con la industria del porno y me di a la tarea de hacer una investigación de campo para aprender a llevar a mi negocio al mundo virtual. Tomé nota para poder compartir los aprendizajes con mi equipo de trabajo el lunes. 

Ya en la noche preparé en compañía de Ana María una bondiola para dejarla la noche entera en el horno. Chelo nos acompañó en el proceso. Para los que no conocen a Chelo les cuento que es nuestro hermoso e imponente perro de raza terranova. Es amoroso e inquieto, bota mucho pelo, muchas babas, y en no pocas ocasiones babas con pelo. Esquivando los recuerdos de Chelo en nuestro camino al cuarto acordamos con Ana María hacer labor de limpieza temprano el sábado.

Nos acostamos y se prendió la turbina. La turbina para los no entendidos es el sonido del ventilador del play station de mis hijos. Suena como la turbina de un Boeing 787 dreamliner en velocidad de despegue. Y como yo siempre me duermo en los acarreos y despegues me rendí al sueño.

Día 2 simulacro de confinamiento

Son las tres y media de la mañana y es la tercera vez que me levanto esta noche. Entre el ruido de la turbina, la revisión de la bondiola y las exigencias de Chelo por agua no he logrado hilar unas buenas horas de sueño. En mi última excursión a la cocina patiné sobre una baba de Chelo y casi salgo disparado por la escalera. La turbina se apaga a las 5 am.

7 am, logré finalmente dormir un par de horas y me dispongo a sacar a Chelo al parque. Es un privilegio disputado en la casa ya que en esos 20 minutos logramos salir del encierro y respirar aire libre. Para Chelo es un momento único. Al sentir que me visto para sacarlo, corre por su correa, se para en la puerta y una vez abierta emprende carrera hasta el ascensor. Al llegar al pequeño parque cerca de nuestra casa, corre como un caballo salvaje y pinta los verdes árboles con su marca. Respiré profundo y me llené de energía y optimismo. Hacia el final de nuestra excursión Chelo levantó sus orejas, se paró en pose de foto y segundos después emprendió una embestida contra un pequeño perro que acompañaba a una mujer. En su embestida me arrastró cinco metros hasta que logré dominarlo con mi única mano sana y entre gruñidos y manotazos míos y de Chelo logré calmarlo. De vuelta en la casa me lavé las manos y dispuse los ingredientes finales de nuestra bondiola.

Hacia las 10 am nos dispusimos a hacer aseo. Pusimos música de plancha, yo empuñé la aspiradora, Ana el trapero y arrancamos. Recogimos pelos y babas en su orden. En sincronía perfecta recorrimos la cocina, la sala y los cuartos. Chelo nos perseguía ladrándole a la aspiradora y babeando el recorrido que habíamos cubierto hasta que dimos por terminada nuestra labor hora y media después. Abrimos las ventanas y respiramos un aire de esperanza con una vida limpia. Recordamos y le agradecimos a Mariela por entregarnos todos los días un mundo limpio donde vivir. Nos bañamos y bajamos a terminar de preparar el almuerzo. Fede se levantó hacia la 1 y bajó a saludarnos en calzoncillos y sin camiseta, y de inmediato subió a prender el Boeing 787. Me preparé mi primer tequila y le ofrecí uno a Ana María.

Cuatro tequilas después nos sentamos a almorzar en familia. Los niños se sentaron a la mesa en su uniforme de campaña y yo me puse un pantalón para darle formalidad a la ocasión. Compartimos nuestras impresiones de nuestra nueva realidad y escuchamos la prolongación del confinamiento y empate con el aislamiento total decretado por el gobierno. Ana y yo arreglamos la cocina con una botella de vino como compañía. Cerrando la tarde pusimos videos musicales de artistas de nuestra infancia y adolescencia. Dándole duro al tequila, recorrimos nuestro pasado musical con preocupación infinita de que cada uno de los artistas que oíamos podrían morir a causa de la pandemia. Si yo estoy cucho estos manes están cuchos cuchos cuchos, pensé. 

Entre canción y canción consultaba las redes sociales. Veía otras familias compartiendo, haciendo ejercicio en familia, agradeciendo y llenos de gratitud por el momento. Otros más atrevidos publicaban videos ayudándonos a entender los aprendizajes de está situación y reiterándonos como el mundo cambió. Algunas lágrimas se asomaron a mis ojos por lo emotivo de los momentos o el tequila.

Tratamos de darle un respiro a las preocupaciones y cerramos el día con calle 13 y Justin Timberlake. Mientras hacíamos nuestro recorrido musical los muchachos paseaban cada hora a Chelo, nuestra vecina aprovechaba su esplendida terraza-jardín para asolearse en una hamaca y la turbina ahí siempre presente. Nos tomamos una cerveza para bajar el tequila y a la camita como decía Topo Gigio.  




domingo, 22 de marzo de 2020

La desgracia de ser cucho

El pasado jueves, antes del anunciado simulacro de confinamiento decretado por la alcaldesa, decidí visitar temprano en la mañana una de mis montañas preferidas en los cerros orientales de Bogotá. Como es mi costumbre madrugué, tomé mi carro hasta el punto del inicio del ascenso y allí comencé a pie mi conocida travesía hasta el páramo.

A medio camino, y como es usual, me encontré con Gregorio y Nano que subían con tres amigos más. Hicimos lote y continuamos juntos hasta el destino final que mis amigos se han trazado durante años. Mi punto de ascenso es un poco mas alto y les dije que yo continuaba solo mi camino hasta el páramo. Fui objeto de numerosas advertencias por parte de ellos frente al riesgo de lo que hacia, incluso uno de ellos hizo referencia a un atraco que había tenido lugar en el páramo el día anterior. Y yo como Rin Rin Renacuajo hice un gesto y orondo me fui. 

Ocho minutos después me encontraba en el magnifico lugar de mi destino. El sol daba rienda a un lento ascenso y la fabulosa ciudad bostezaba del letargo nocturno para enfrentar el nuevo día. Me paré 5 minutos a contemplar las obras de la naturaleza y las humanas y me sentí agradecido. Pedí por mí y por los míos y emprendí en polvorosa el descenso. Decidí hacerlo rápido para alcanzar a mis amigos y por ello flotaba de piedra en piedra siempre atento y concentrado. A mitad de descenso, sentí un ruido y me volteé a ver que sucedía. Dos atletas no atletas, volaban entre las piedras con capuchas puestas y uno de ellos con puñal en mano a la caza de hasta ese momento un joven adulto que descendía y que ahora escribe. Alguna cosa grité y apreté el paso para con maravillosa velocidad y agilidad de montañista, soltarlos y dejarles tan solo el recuerdo de mi cabellera flotando al viento. Por lo menos así me imaginaba yo. 

Cien metros mas adelante tropecé y caí sobre mis manos marcándome la montaña con sangre y fracturándome la muñeca izquierda. En fracción de segundos decidí aprovechar tan lamentable evento a mi favor para no ser pasado por las armas por mis perseguidores. Grite lamentándome de dolor (la verdad dolía como un putas), al tiempo que uno de mis agresores (el mas malo) me advertía que me quedara quieto o me chuzaba los ojos. Mi otro agresor (el bueno) me ayudó a sentarme y me lanzó una pregunta:  “ ¿cómo esta cucho, se pegó duro?” Como un puñal la palabra cucho atravesó mi abdomen inferior izquierdo. Le mostré las manos entre quejas y lamentos mientras el bueno se hacia a mi celular y el malo empezaba a quitarme las botas para dejarme descalzo. El bueno le replicó al malo por tratar de quitarme las botas, “¿no ve que el cucho esta vuelto mierda? no lo joda”, afirmó. El segundo navajazo de la palabra cucho golpeó en la parte alta del pecho. “Venga cucho desbloquee el celular para borrar la información”, y yo débil por el tercer ataque con esa corto punzante palabra obedecí y nos dimos los dos a la tarea de eliminar mi vida de ese aparato. Conversamos un rato de la difícil situación económica que los obliga a delinquir, tratamos sin éxito de sacar la tarjeta sim y el malo me dijo “venga cucho regáleme la chaqueta”. Casi inconsciente por el nuevo ataque verbal se la entregué y le aclaré que estaba viejita y sudada. Con gesto de asco la dobló y la guardó apartándose de mí.

Sabiendo los tres que nuestro encuentro debía llegar a su final, el malo preguntó “qué hacemos con el cucho” mientras empuñaba su puñal. El bueno le respondió: “¿no ve que el cucho está vuelto mierda? déjelo ir”. Mientras mi autoestima se desangraba por los navajazos de la palabra cucho, me amarré las botas y me puse de pie. Agradecido choqué el puño con el bueno y al querer replicar mi acto con el malo retiró su mano y me dijo “no cucho usted está sudado y me infecta”. Y así cucho e infeccioso me fui.

Bajé lento con mi nueva condición de cucho, advertí a otros caminantes de mi encuentro y llegué a mi carro. Manejé hasta mi casa y fui a la clínica para que me revisaran la muñeca, la cual está hoy inmovilizada por un pesado yeso.

Cucho y moribundo en mi autoestima trato de recuperar mi vida contenida en un aparato. Mi operador no me da bola, solo me contestan cuando le digo a los robots humanos y no humanos que quiero comprar una línea y un aparato nuevo. Veintidós años de fiel relación de mi parte no valen. La relación está cucha y quieren sangre nueva. Por ahora pasaré mi nueva vejez encerrado hasta el 13 de abril sin celular, aunque ahora estoy contemplando hacerlo hasta el 31 de mayo con el resto de los cuchos. 




domingo, 9 de junio de 2019

Lo mejor será acabar los parques

Desde la noche anterior la había prometido a Chelo que si me despertaba temprano iríamos juntos a recorrer algunos de los caminos de los cerros orientales de mi ciudad. La verdad es que me desvelé, después de la llegada de las faenas de sábado en la noche de mis hijos. Luego de vueltas y reflexiones no le di mas largas a mi promesa, desperté a Chelo y enfilamos rumbo a las montañas.

Tan pronto llegamos a nuestro punto de partida, empecé a tener una especie de monólogo en donde le iba relatando a Chelo, cómo en el pasado solía tener esta clase de escapadas con Nacho. Le conté cuanto le gustaba a Nacho este plan, y cómo nos lo habían prohibido pues habían cerrado hace algunos años los accesos mas cercanos a nuestros bellos cerros. La rabia y amargura que me generan las prohibiciones se iba despertando en mí, hasta darle paso al verdadero motivo de mi desvelo.

Se agolparon en mi cerebro las palabras bareto, alcohol, cigarrillo, parque, niño, niña, corte y moral. Desconcertado por los juegos de mi mente, me propuse a mí mismo, y le propuse a Chelo, un ejercicio crítico que me permitiera entender más las preocupaciones que me roban el sueño. A continuación, algunas veces con sátira y otras sin ella, trataré de resumir mis reflexiones y posiciones frente a este tema.

Lo primero que le mencioné a Chelo es que los temas del sexo, el alcohol, el cigarrillo y las drogas son de aquellos temas en donde siento que no nos abrimos y mantenemos una conversación clara, honesta y transparente en nuestros entornos familiares y sociales. Si asumimos la familia como el núcleo básico del tejido social creo que los padres nos hacemos los güevones con estos temas. La mayoría de las veces evadimos la conversación, y cuando decidimos afrontarla la llenamos de mentiras, demonizaciones y posiciones ingenuas que buscan evadir la realidad. “Mi niño no toma ni fuma, y mi niña tampoco, y mucho menos tiran”,nos decimos y le decimos a los demás. Rematamos nuestra historia de ficción con un golpe de autoridad moral que se resume en la frase que dice es que yo si enseño valores.

Pero como no hablar de los temas con nuestros hijos no borra nuestros legítimos temores, decidimos tomar acciones preventivas como erradicar el alcohol de nuestras casas y/o ponerle llave al bar para que las tentaciones del demonio desaparezcan. Prohibimos fumar en la casa y las visitas deben ser en la sala y sobre todo con papá y mamá presentes en la casa. Alcohol, cigarrillo, droga y sexo, fuchi, feo, malo. Prohibición total, y ante el mínimo resbalón de nuestros hijos usamos la palabra de que desilusión,sin entender que esta palabra nunca debería ser usada para referirse a nuestra relación con otro y mucho menos con un hijo o hija (denota superioridad moral y nada mas falso y peligroso).

Pues bien, ante la incapacidad de conversar y construir entendimientos comunes con nuestros hijos, recurrimos entonces a la ayuda de los colegios y sus programas de prevención. Si bien los programas son bien intencionados, parecen dirigidos o conceptualmente concebidos por ex adictos. Y como reza el refrán que dice que no hay nada peor que una puta rehabilitada,pues su posición es tajante y se resume en cero toleranciay la firma de contratos concebidos para el inmediato incumplimiento. Ya en este punto, nuestra distancia con la realidad que viven nuestros hijos es infinita. Nosotros hemos creado un imaginario de sociedad utópica y casi distópica y mientras tanto nuestros hijos están que se tiran, se fuman un cigarrillo y se ajustan su primera perra. El Estado recoge en últimas nuestros temores y legisla para ángeles y la utopía se escurre a la distopía.

Como la realidad es que ni nosotros ni nuestros hijos tienen alas y plumas en la espalda, resulta que con nuestra incapacidad de diálogo y cero tolerancia los invitamos precisamente a los parques a vivir sus experiencias en ambientes poco controlados (los adolescentes entran y salen de las fiestas a los parques a tomar y fumar). Con el nuevo código de policía lo único que encontrarán en los parques será precisamente a los jíbaros, que son los únicos económicamente capaces de pagar la coima que la autoridad exige a los negocios informales ( siiiii, ellos reciben coimas de mucha gente, entre ellos los jíbaros). Hasta hace algunos meses la oferta en el espacio público era amplia,  iba desde la arepa y la empanada hasta el porro, pasando por los manimotos, maizitos, la pola y el jugo, entre muchos otros. Hoy en día, ante la poca oferta y la creciente demanda, la opción es un porro o alguna otra cosita mas fuerte, que es lo único que hay. En otras latitudes los parques y espacios públicos son punto de encuentro y recreación en donde conviven el ejercicio, la contemplación, el yoga, el reiki, la meditación y oración con la comida, el cigarrillo, el alcohol y uno que otro consumidor de cannabis.

Algunos dirán que aquellos que quieran tomarse un trago, fumarse un cigarrillo o fumarse un bareto deberían hacerlo en el ámbito de lo privado. A ellos les digo que no es mentalmente sano crear esa disociación entre mi mundo privado y mi relación con el mundo público. Al final es una invitación a la falta de autenticidad, la mentira, el silencio y la impunidad. Lo público y los espacios públicos han de ser la vitrina de la expresión humana que permitan la generación de sociedades mas tolerantes e incluyentes. Las sociedades diversas saben regularse y convivir en armonía.

Por último, le decía a Chelo que me preocupaba que en el futuro prohibieran la práctica del ejercicio en espacios públicos. Claramente las ropas deportivas que usamos hoy en día pueden despertar en los niños y niñas el deseo sexual y esto podría preocuparles a algunos que piensan que es un gustico reservado al matrimonio. 

Volviendo a la casa le serví agua y comida a Chelo. Se echó a mi lado jadeante de preocupación. Me lamió la mano y se quedó dormido mientras yo le decía que lo mejor será acabar los parques para evitarnos más problemas. 

jueves, 21 de junio de 2018

Un guaro para la oportunidad perdida de Avianca

Un colombiano de a pie, de esos común y corriente, habla a la cámara y comenta con alegría como ha sido burlada la seguridad de los estadios en Rusia, y acto seguido se zampa un guaro, que en esas lejuras debe saber mejor. Su video se hace viral y 24 horas después es destituido de su cargo en la compañía Avianca. Para la empresa, los actos de nuestro gran colombiano violan los principios y valores corporativos y como si fuera poco la normatividad vigente. Para completarle el día, a nuestro hincha tricolor, las autoridades colombianas presentes en Rusia lo denuncian (o “sapean”) ante las autoridades rusas para que ellas se hagan cargo del caso.

Segundos después explotan las redes y los medios de comunicación. Indignación y vergüenza clamamos. Expertos en comportamiento humano salen a decirnos lo obvio, lo que ya sabíamos y es que somos una sociedad donde la cultura del vivo es lo que nos gobierna. Obvio pues quien quisiera alardear de ser bobo, nadie acá en estas tierras y menos en la lejana Rusia. No quiero caer en el lugar común de llamar a esto una doble moral, más bien quiero explorar la oportunidad de oro que no solo dejó pasar Avianca si no el país para hablar de las consecuencias de nuestros actos individuales y colectivos, y sobre ello construir saber como “diríamos” en la Colombia Humana.

Primero quiero explorar el dilema moral que deben estar viviendo los responsables en Avianca de la decisión de destitución de nuestro querido Luis Felipe Gómez. Algunos deben estar teniendo regresiones tipo Flatliner que les recuerdan sus asistencias a conciertos elaborando complejos planes para inyectar, en botellas de agua y cajas de jugos Hit, el almíbar sagrado que aquí llamamos aguardiente. Seguro algunos más avezados se las ingeniaban para esconder uno que otro porro en las costuras de sus chaquetas.  Era ¿o es? todo un plan y a muchos de los que hoy se rasgan las vestiduras los vi y hasta con algunos compartí las mieles de la viveza.  

Como somos una raza con memoria selectiva, muchos de los que me leen dirán que ellos nunca lo hicieron (así como nadie de centro recuerda haber votado por Uribe), pues bien, si el desmemoriado trabaja en Avianca quiero entonces mencionarle que el mentirles a sus usuarios sobre la cancelación o demora de un vuelo es tan grave o tan inocuo como el comportamiento de Luis Felipe. Si vamos a ser puristas, hasta hacer doble fila en el giro de un semáforo o parquear en la calle en lugar prohibido cae en la categoría culpable que debe llevar a su destitución. Vista así la cosa el mayor pecado de nuestro hincha tricolor debe resumirse en ser un güevón al hacerse un video.

En el mundo binario de Avianca, en donde solo era posible la destitución de Luis Felipe, hay únicamente dos posibilidades: o aplican a raja tabla su regla y se quedan sin empleados, o les permiten seguir siendo humanos y humanas, no güevones o güevonas     -quiere decir sin hacer videos y declaraciones-, y les enseñan a ser solapados y rastreros. ¿Cambios de comportamiento?, mmmmm, no, me permito decirles que por ahí no es la cosa. Luis Felipe es tan solo un pequeño engranaje en un sistema mucho mas amplio y complejo que hasta en el mas mínimo detalle está gobernado por los mismos principios. Luis Felipe mi viejo eres simplemente un empleado mas de Avianca y un colombiano mas así de puro y simple.

Ante esta encrucijada, entonces ¿qué hacer? es la pregunta. Desde mi perspectiva la oportunidad de oro para Avianca estaba en generar con Luis Felipe de protagonista, un proceso conversacional y cultural que permitiera traer a la mesa aquellos comportamientos que podemos clasificar de antiéticos, tramposos o simplemente inadecuados en el día a día del negocio. Vía este proceso generarían en los empleados altos niveles de lectura de entorno y consciencia que llevarían a cambios de comportamiento colectivos y por ende de cultura organizacional. La posición vulnerable de Luis Felipe en un entorno seguro permitiría la apertura para expresarse con libertad e identificar y transformar aquellos comportamientos no deseados. Hoy por hoy han reforzado el miedo, amenazado al individuo y están dirigiendo la cultura a los terrenos del actuar solapado.

En la opinión que expreso en el párrafo anterior estoy asumiendo que la intención que tuvieron era reforzar su cultura y compromiso con los comportamientos éticos. Ahora bien, si lo que querían era también hacer un show mediático, vía el proceso que propongo los réditos pueden ser mucho mayores. El manejo del caso y su impacto podría convertirse en un referente de estudio de transformación organizacional de amplia aplicabilidad en el entorno nacional. Culiprontos, creo yo.

En el entorno del país, la oportunidad de oro se encuentra no en la lapidación publica, que lo único que logra es lavar momentáneamente nuestras consciencias y llevarnos a la negación del impacto de nuestros propios actos. Siguiendo el camino de la negación, ponemos nuestras esperanzas de cambio en estatutos anticorrupción redactados por corruptos y consultas anticorrupción redactadas por moralistas que buscan un espectro electoral, que para nada nos invitan a cambiar nuestros propios comportamientos. Creamos estructuras legales para otros y desde la barrera juzgamos sin darnos cuenta que somos parte del mismo problema. Somos tan colombianos y tan colombianas como Luis Felipe.

Por último, quiero mencionar que a nivel organizacional y cultural siempre he creído que los dilemas morales y de responsabilidad se deben resolver en el core mismo del negocio y no con estructuras externas y señalamientos de otros. Si así seguimos actuando, a futuro de lo mismo nos seguiremos quejando.


martes, 29 de mayo de 2018

De verdades electorales y tusas de centro


Me he tomado el tiempo de leer y hacer un minucioso seguimiento de los medios y las plataformas digitales sobre el tema de las últimas elecciones de primera vuelta en el país. Me han sorprendido afirmaciones de periodistas, analistas, políticos y el público en general, sobre la nueva manera de hacer política que salió triunfante en los últimos comicios. Me sorprende porque desconoce la historia reciente del país, que se sustenta en datos y hechos concretos que demuestran que éste es el mismo país político que hemos vivido los últimos 20 años.

Comencemos por decir que gritamos a voces que los partidos tradicionales salieron derrotados y que hoy el espectro político está dominado por movimientos distintos a los que nos han gobernado durante años. Pues no, esa afirmación no es cierta y no lo es por el simple hecho de que la última vez que un partido tradicional puso presidente de la República fue en el año de 1998 con Andrés Pastrana. Del año 2002 a la fecha ni liberales ni conservadores han tenido un presidente que haya sido designado como candidato por la colectividad y más bien los partidos tradicionales se han arrimado al sol que más y mejor los alumbre. Duélale al que le duela el presidente Uribe rompió la hegemonía partidista y le ha dado un tinte distinto a la política.

Muchos asumen como a uno de los ganadores a Petro por su alta votación y su paso a la segunda vuelta. Creo que sí es un logro sacar casi 5 millones de votos, pero no se nos olvide que esos 5 millones de votos representan un 24% de la votación total, que es tan solo ligeramente superior a la alcanzada por Carlos Gaviria en 2006 (22%), candidato que también enarbolaba las banderas de la izquierda del país. Adicionalmente, Gaviria en su momento alcanzó también la segunda mayor votación en primera vuelta, pero el presidente candidato Uribe superó con creces el 50% y no le dio chance a una segunda vuelta. En plata franca dos veces la izquierda ha alcanzado la segunda mayor votación en primera vuelta con porcentajes casi idénticos. Neto neto me parece que el Doctor Petro pierde también, su imagen no logra despegar la votación histórica de la izquierda y no es atractivo para el centro.

El centro, mi centro, es gran perdedor también. Primero, por la simple razón de que quedó de tercero, condición que lo saca de la contienda. Pierden lo líderes del centro que no supieron articular un movimiento consistente que les diera chances. Ya antes en la historia reciente del país el centro o la tercería había sido protagonista político. Primero fue Noemí Sanín en 1998 con el 22% de los votos y la tercera mayor votación. Después fue Antanas en 2010 con el 26% y opción de segunda vuelta. Y para los que lo quieren interpretarlo así, Santos en 2014 salió presidente en segunda vuelta, pero con una votación del 25% en la primera. El problema histórico del centro y la tercería ha sido su imposibilidad de construir un proyecto político de largo plazo que dé peleas en lo regional y nacional. El centro es intermitente y su intermitencia se debe a la falta de liderazgos claros y a la irregularidad propia de sus votantes que se mueven, ante el temor, a la derecha, pues es un centro que le teme a la izquierda. Nuestro centro es un centro vagabundo en eterna adolescencia.

Pues bien, siendo vagabundos hoy estamos entusados, tristes, desorientados, bravos o mas bien furiosos. Nos encerramos a rumiar la frustración y con la marea propia de las emociones empezamos a tomar decisiones en caliente que castiguen a la derecha o la izquierda. Por Uribe ni por el putas y por Petro nos lleva el putas. Pues queridos, eso es lo que hay, además de votar en blanco o peor aún, no votar. Yo por mi parte me dedicare a analizar a las dos alternativas vivas que tenemos no en sus propuestas si no en las personas que hoy las recitan. No hablo de las propuestas pues en tan solo dos días Petro se muestra como un capitalista social de Wall Street y Duque como un pacifista digno de premio nobel. Las propuestas se desdibujan y no sabemos si creerles a los candidatos que hasta el domingo nos hablaban o a los que nos hablan en estos dos días. Así les parezca loco lo que pienso, hoy por hoy votare por aquel candidato que considere capaz en ejercicio del ejecutivo de traicionar sus propios postulados políticos y a las masas electorales que lo pusieron en segunda vuelta