miércoles, 18 de enero de 2017

Corrupción, cuestión de estética

En la realidad macondiana que gobierna este país se han dicho inolvidables frases que alimentan la realidad cargada de ficción que vivimos. Años atrás, el Presidente Julio Cesar Turbay en pleno ejercicio de su investidura afirmaba que “toca reducir la corrupción a sus justas proporciones”. Décadas después, uno de los protagonistas de uno de los mayores escándalos de corrupción (los Nule) afirmaba que “la corrupción es inherente al ser humano”. Ambas afirmaciones les valieron críticas y una que otra burla a sus “ingeniosos” creadores. Con algo de razón, los actores sociales se rasgaron las vestiduras, tiraron un pañuelo en señal de duelo y se recostaron en la orilla que representa a los pulcros de acción, a los adalides sociales de conductas irreprochables.

En la última semana la senadora Claudia López (por quien voté y me siento divinamente bien representado) enarboló las banderas en contra de la corrupción. Con un grupo de colegas han lanzado una propuesta atrevida, resumida en 7 puntos que buscan legislar sobre como combatir el mayor flagelo que azota a la sociedad colombiana. Comparto a plenitud su vehemente inquietud pero difiero en los cómos pues creo que no son la solución a un problema que en mi pensar tiene mayores profundidades y que nos concierne e involucra a todos como sociedad.

Creo con firmeza que los sistemas corruptos se estructuran sobre la incapacidad que tenemos los seres humanos para discernir sobre lo que es éticamente correcto o estéticamente correcto en su defecto. Es decir, las líneas éticas de nuestras acciones se confunden y ni si quiera sabemos diferenciar si algo que hacemos se ve feo o huele feo. Creemos que los parámetros de la ley nos dictan el actuar, pero las leyes no cubren a cabalidad el espectro de lo correcto y son torpes e inexactas. A la vez, los encargados de interpretar la ley y aplicarla son torpes e inexactos y su propias mentes se confunde con lo éticamente correcto y se justifican con el discurso subjetivo de la estética.

Pero la vida nos pone día a día en la prueba del discernimiento. No diferencia bien entre quién parquea en una vía principal  a hacer una vuelta rápida en el banco, quién hace doble o triple línea en un  semáforo de cruce y quién se cuela en la fila de un concierto. No nos enseña nada sobre la belleza el mejor jugador de fútbol del mundo que hace un gol con la mano en un partido de mundial y que 30 años después visita con regalos al arbitro del partido. No desarrollan los niños sus papilas olfativas para saber si algo huele feo cuando un técnico de futbol les enseña a simular faltas o a pegarle al contrincante cuando nadie los está viendo. No sabemos de estética cuando en la edad adulta vemos ejecutivos en empresas privadas cobrando a sus proveedores porcentajes por darles un contrato. Y cómo vamos a deleitarnos con la belleza si nuestras mismas empresas nos enseñan a hacer todo lo feo posible por mostrar un resultado. Pues bien, en la cotidianidad de la vida nos exponemos y desarrollamos el discernimiento y si el ejemplo que damos no se ve bien no esperemos que aquellos que formamos y forjamos lo hagan mejor.

Tendemos a pensar que la ética y la estética se enseñan en libros de filósofos encumbrados con lenguaje inexpugnable. Pero no, la ética y su dimensión estética se aprenden en la experiencia, en el desarrollo de habilidades humanas que nos permiten diferenciar y elegir lo que no es tan solo correcto para mí sino para las relaciones y el sistema en el que convivo.


Es por ello que el problema es más complejo, solo en el desarrollo de elegir lo que es correcto podremos convivir entre las fisuras de lo inexacto y torpe de las leyes. Sin ello, “hecha la ley, hecha la trampa”.

domingo, 9 de octubre de 2016

Vélez el pitufo güevón

Cuenta la leyenda que el famoso torero Luis Miguel Dominguín, (padre de Miguel Bosé) después de su primera noche de pasión con la actriz Ava Gardner es sorprendido temprano en la mañana por la diva vistiendo de afán. Ante la pregunta de la Gardner de ¿y para dónde vas? este (Dominguín), con desparpajo le contesta ¡a contarlo!. Sorprende que un conquistador legendario como Dominguín, un hombre de mil y una mujeres, tuviera la necesidad de contarla al mundo que acababa de acostarse con Ava Gardner.  Pero así opera el ser humano, o mejor dicho así opera por lo menos el enorme espacio cerebral que alberga el ego, la altivez y la estupidez de los machos. Lo importante no es a quien me “coma” lo importante es poder contar a quién me he “comido”.

Tentado por el mismo impulso de Dominguín, la criolla figura de Juan Carlos Vélez Uribe cayó en la horrible tentación de ir a contarlo, y de manera bien pública, cómo le dio manejo a la campaña por el No en el plebiscito. Su conquista no podía ser secreta, no eran suficientes los espacios de intimidad y arrepentimiento para alimentar su alma. El protagonismo de otros, el de sus jefes, tallaba. Ser peón era impensable, la figura del rey estaba tomada y él se merecía el honroso lugar de una torre, tal vez un caballo o un arfil capaz de ¨comerse¨ a la reina. Olvido Vélez que aquellos sin dotes de conquistadores deben comer callados pues ¨el que come callado come dos veces¨.

Algo de cultura popular le falta a Vélez, falta de cine. Hubiera sido suficiente que viera la película Wag the Dog estrenada en 1997 y protagonizada por Robert de Niro y Dustin Hoffman para entender cómo son las cosas. En la película se retrata una situación similar a la que él vivía. En ella, Hoffman, un productor de cine rescata al Presidente de los Estados Unidos en una reelección inventándose y produciendo una guerra ficticia que le permite al Presidente recuperar su liderazgo y ganar las elecciones. El precio, debía guardar silencio de todo lo actuado. Hoffman y Vélez caen en el síndrome Dominguín, el personaje de Hoffman es asesinado antes de abrir la boca, a Vélez lo niegan y rechazan sus pares y lo deshonra el patrón. ¡Por lo menos barata la sacaste Juan Carlos!


Y es que los machos estamos jodidos, primero queremos demostrar que tenemos el pipí más grande, después que nuestro papa es más rico e importante. Cuando crecemos llevamos cuentas y contamos a cuatro vientos cuantas nos hemos ¨comido¨ . Y ya cuando la vida y el cuerpo nos reposan, pagamos para que la revista Dinero diga que tenemos la firma más grande.

Cierro con unos sonetos que buscan honrar a Angel Marcel, mi maestro de escritura y poesía.

            Vélez por parecerte a JJ Rendón
            Quedaste como pituso güevón
            Tremendo oso
            Te has fajado muy baboso

             Por bien quiera el expresidente
             Tener ahora bien presente
             Que como jefe 
             No termine como mequetrefe

             Y es que ahora a los Santos
             Los han rescatado de los antros
             un premio Nobel
             Que no  esta torre de Babel















martes, 4 de octubre de 2016

Si hay acuerdo, que no panda el cúnico

En tiempos no muy lejanos los sentimientos de angustia, la desolación y la tristeza se trataban de manera íntima en el círculo cerrado de los afectos cercanos. En estos círculos nos arropábamos, rumiábamos y soportábamos para sobrellevar la desolación que los hechos no deseados nos generaban. Hoy en la día para bien y para mal contamos con canales de comunicación que nos permiten expresar los sentimientos de una manera más pública y abierta al mundo. Lo bueno la posibilidad de muchos para poderse expresar. Lo malo el efecto contaminante que las expresiones pueden generar cuando no nos damos un tiempo para pensar y reflexionar sobre los hechos contrarios a nuestro deseo, y las posibilidades que su aceptación ( de los hechos) nos abren. Me he tomado mi tiempo para leer los medios nacionales e internacionales, así como las redes sociales de las que soy parte. Y poniendo a un lado la contaminación por lo que leo, quiero darle rienda suelta a mi sentimiento, mi intuición o para algunos mi simple inocencia sobre lo que percibo son los resultados del plebiscito

Podría llamarme un perdedor de la votación del pasado domingo ya que mi voto fue por el SI. Pero contrario a lo que muchos piensan, creo que lo sucedido es lo mejor que en este momento nos podía pasar y que los números que nos atormentan me dan más esperanza que desesperanza. Leo en la métrica un cambio importante en la posición del país. Me permito recordarme como los dos últimos Presidentes, en los últimos tres periodos de cuatro, han sido elegidos abrumadoramente con posiciones guerreristas de confrontación directa contra los grupos armados.

Leo en el resultado un cambio en la matemática a un 50-50, es decir la mitad de este país piensa algo distinto. Pero como quiero ser justo Con los que votaron por el NO y por qué además mi intuición e inocencia me lo demandan les creo a muchos de ellos que si quieren la paz (algunos minoritarios no la quieren) y porque les creo, me convenzo de que la alternativa negociada es ampliamente mayoritaria. El péndulo de las posiciones extremas está pasando por el centro y leemos polarización y aún en el peor de los casos esta polarización es más sana que la arista oscura de la guerra.

Ganaron los que votaron el NO pero no ganó el NO. Mas bien, debiera decir no ganó el NO que conocíamos, el NO guerrerista. Ganó el nuevo NO, el NO que refleja una voluntad de paz sobre un acuerdo en el que no se sienten representados y esto colombianos y colombianas es válido y democrático.

Todos los acuerdos humanos y divinos deben poder representar a las mayorías y ante todo honrar los temores o dudas de las partes. Un acuerdo imperfecto (como son todos los acuerdos) que no es vinculante con la mitad de población es de difícil ejecución y nos sumiría en problemas mayores a los que tenemos. Macabro y oscuro el panorama si el SI que queríamos lo hubiéramos logrado con poco margen de diferencia.

No quiero entrar a discutir si las campañas del SI y el NO fueron mentirosas, pues más allá de lo que algunos manipularon, me quiero quedar con las múltiples conversaciones centradas y amorosas que mantuve con amigos a los cuales les honró y respeto sus posiciones, como ellos lo hicieron conmigo.

Que sea este el momento de nuestros líderes. Ojalá sepan leer, ojalá el analfabetismo de la conexión con el país se les pase y logren un gran acuerdo de paz. La arrogancia, la venganza y la oportunidad de amararse al poder no son buenas consejeras en estos días.

Como diría el gran Chapulín Colorado que no ¨panda el cúnico¨ pues si sin tetas si hay paraíso, sin acuerdo si hay acuerdo.




lunes, 25 de julio de 2016

Lo que hay de Froome a Nairo

Voy a sonar antipático, envidioso y hasta apátrida para algunos de ustedes. Me dirán muchas cosas y bueno así sin más ni más deberé recibirlas. Para amortiguar un poco los insultos quiero comenzar diciendo que Nairo Quintana es un señor deportista y un gran colombiano. Lo segundo no potencia lo primero y me atrevo a afirmar que sobre todo y ante todo complica lo primero. Para potenciar lo primero y llegar a ser el primero (número uno) prefiero mirar la increíble demostración de liderazgo y trabajo en equipo que nos dieron Christopher Froome y su equipo Sky en este mes de julio. El señor Froome le sacó la medio bobadita de más de cuatro  minutos a sus inmediatos seguidores que eran Bardet y Quintana. Una eternidad para los entendedores, y ¡de qué impecable manera!

Comencemos por lo primero, por la infinita ambición de Froome por el triunfo, por demostrarse así mismo que es el mejor. Nunca cedió a esa ambición, nunca la perdió y ante los momentos difíciles que atravesó corrió, pedaleó en triciclos, se levantó, y sangrando en bicicletas prestadas continuó con gran ímpetu. Esto se llama resiliencia, para aquellos que aún se preguntan el significado mágico de esta palabra. Veamos ahora su preparación. Fuerte en todo terreno, subiendo con los grandes, bajando como el sólo, (de manera temeraria y casi suicida) y rodando con ritmo endemoniado en lo llano. ¡Qué bárbaro! Hablemos de la preparación de las etapas. Nada se dejó al azar, a la suerte, al mal día de sus inmediatos seguidores o a la malicia indígena. Sus competidores  estuvieron controlados por su equipo, siempre el Sky en punta de carrera imponiendo ritmo, minando las fuerzas del pelotón para descremar la élite en los momentos decisivos, para que el capo demostrara la pasta de la que está hecho. Planteada la meta, que no era otra que la gloria, no dependieron de nadie, sólo de ellos mismos, de su disciplina, concentración y capacidad de sacrificio.

Y como si fuera poco lo antes mencionado tenemos que hacerle un capítulo aparte a la capacidad de Froome de salirse del libreto. Como un depredador saltó donde nadie lo esperaba, donde no era obvio, donde nadie lo veía venir. En estos saltos alucinantes hizo segundos, amplió su distancia inhumana sobre sus competidores minándoles la moral al verse enfrentados a un extraterrestre, a un ser de otro mundo. No importó el trazado general de la carrera o la etapa, él contó con los recursos para controlar y sorprender. Y controlando lo controlable y sorprendiendo en lo impensable vistió su tercer malliot amarrillo en Paris.

Creo que nadie en Inglaterra debe estar afirmando que la berriondera de los ingleses (nacionalidad de Froome por sus padres), la cerveza Guiness y el steak and kidney pie son lo que le ha permitido a Froome alcanzar sus logros. Y si lo hicieran sería injusto como es injusto e irresponsable decirlo del mismo Nairo Quintana.  Creer que la berriondera colombiana, la malicia indígena, la aguapanela y el bocadillo son las claves de nuestro éxito es tonto e irresponsable. El humano  Froome y su equipo Sky nos quieren mostrar otra cosa. En términos técnicos hablamos de planeación, preparación, ejecución, disciplina, liderazgo, ambición,  resiliencia, innovación y trabajo en equipo, entre otros. De nosotros depende de qué lado de la moneda queremos ver las cosas. Yo por mi parte me alegro de que Nairo tenga la oportunidad de rozarse y aprender de estos humanos que nos parecen inhumanos. Aprendiendo de ellos bien podrá liberarse de nuestros sesgos culturales limitantes para así pulir esa berriondera colombiana y vestir no una si no muchas veces el soñado malliot amarillo en los Champs-Elysées. Joven es, gracias a Dios.

Si por alguna razón le llegan a encontrar algún tipo de doping a Froome (físico o tecnológico) olviden  lo escribí mmmm, mas bien no, sigamos acá y abramos el debate del doping. Creo que todos se dopan  y no es propiamente aguapanela lo que los escarabajos colombianos llevan en su caramañolas. Ahí les dejo la duda.