martes, 15 de septiembre de 2015

Natalia Springer la trepadora

Creo que pocas personas en el país podrían decirme con precisión quienes son Michael Egred, Guillermo García, Edgard Alfredo Gómez,, Maureen Belky Ramírez, Fanny Lucia Martínez, Oscar Isaac Goldenberg, Juan Luis Londoño, Blanca Gladys Caldas o Jorge Mario Bergoglio. Y son pocos los que podrían decirme quienes son, pues en verdad son mejor conocidos como Mike Bahia, Billy Pontoni, Marcelo Cezán, Marbelle, Fannylu, Oscar Golden, Maluma, Claudia de Colombia y el Papa Francisco, en su orden.

Todos ellos han cambiado sus nombres, porque en un mundo gobernado por asesores de imagen, los apelativos otorgados por sus progenitores no tenían el impacto y resonancia necesarios para explotar sus virtudes y transmitir sus mensajes. El “Pretty boy” no se puede llamar Juan Luis Londoño, sonaría charro que Mike Bahía dijera Michael Egred al inicio de sus canciones, Blanca Gladys de Colombia no cuaja , Jorge Mario Bergoglio suena mas a un escritor o humorista argentino vaciado, Guillermo García no rima visualmente con el afro de Billy Pontoni  y no seria serio (con el perdón de mi amigo el abuelo, que en realidad se llama Edgar Enrique) que un cantante y actor bonito se llame Edgar Alfredo.

Vayamos ahora al caso de Natalia Marlene Lizarazo, quien asumo que por razones artísticas también cambió su nombre a Natalia Springer Von Schwanzenberg. Me he dado a la tarea de tratar de entender la motivación que la llevó a esto y quiero en estas líneas compartir mis ideas en borrador. En un ejercicio más de memoria que científico, he tratado de asociar el apellido Lizarazo con alguna celebridad criolla que le hubiera permitido a Natalia, en un país arribista, sobresalir con su nombre original. El principal nombre que encuentro es el del gran Alfonso Lizarazo, presentador eterno de Sábados Felices y conductor del inolvidable programa de entretenimiento que marcó mi generación y que se llamaba Baila de Rumba.

He buscado en los lugares mas inhóspitos de mi memoria  y he hecho algo de trampa recurriendo a youtube para despertar mis recuerdos adolecentes. Grande era Alfonso, grande en su arte. Grande su facha en Baila de Rumba con cachucha de cuero y chaleco negro para presentar y promover los bailarines de barrio que soñaban con una oportunidad de mostrar su arte. Envidia sentía de verlos moverse y contagiar  mientras yo me consolaba con un cuerpo carente de ritmo y habilidad para el baile.

Volviendo a Natalia, es posible que para ella la concordancia de apellido con el de Alfonso Lizarazo no fuera de suficiente ayuda para promover su carrera artística. Me atrevo a pensar que su vocación  no correspondía con la de conductora de programas de entretenimiento o que simplemente no se ve bien con boinas de cuero, y que por esto, tomó una decisión respetable y coherente con sus aspiraciones y se cambió el nombre.

Y como Dios protege a sus borrachitos, la vida la premió con un marido con apellidos pomposos, al menos para la pobre mentalidad del jet set criollo. Con su nuevo nombre Natalia Springer Von Schwanzenberg su carrera se disparó. Se convirtió en periodista de radio, columnista permanente de los principales diarios, decana universitaria y reconocida consultora. Sus innegables talentos profesionales (porque los debe tener para llegar hasta donde ha llegado) y su nombre llamativo la catapultaron a la fama.

La verdad es que Natalia supo leer los motivadores más profundos de nuestra sociedad esnobista, apostó y ganó. Su actuación, hasta este punto, podría tan solo afectar a sus padres quienes en un acto reflexivo habían decidido llamarla Natalia Marlene Lizarazo. Es chistoso ver como los antiguos jefes y colegas de Natalia se duelen y le recriminan el no haberles contado cuál era su verdadero nombre, cuando en verdad lo que están mostrando es su mentalidad arribista que seguro los habría llevado a darle un trato distinto a una tal Natalia Marlene. Piensa nuestra sociedad, que siempre es importante saber cuál es nuestro lugar y de dónde venimos, sin importar el éxito que hayamos alcanzado. Cuando tratamos de abrirnos espacios de clase siempre habrá alguien quien nos recuerde quienes somos y nos ponga de nuevo en nuestro lugar.

Frente a los contratos con la Fiscalía es poco lo que puedo afirmar, distinto a que así a vuelo de pájaro se ve mal y huele mal. El fiscal y nuestra criolla  de noble nombre europeo tendrán la tarea de explicar y defender sus actuaciones. Mientras tanto a  Natalia Marlene la vende la propia clase que la acogió y la consintió como Natalia Springer Von Schwanzenberg. Los costos de ser trepadora mi querida Natalia

jueves, 27 de agosto de 2015

Carta Urgente a Enrique Peñalosa

Doctor
Enrique Peñalosa
Ciudad

Con agrado veo cómo las últimas en cuestas lo favorecen sobre la baraja de candidatos a la alcaldía. En esta baraja de naipe francés usted es el Rey no solo por ser la carta de más valor, si no por la barba que lo acompaña. Clara López parece mas bien una jota, más o menos fuerte y con una leve sombra en la comisura del labio. Pardo es un diez de picas con pretensiones de As, sube y baja y hasta se le ven los rodillos del nueve de tréboles. Pachito, mmm, Pachito es como tener en la mano un cinco de picas acompañado de un dos de corazones, jugando Texas Holdem. Más o menos el equivalente a tener mamá pero muerta, es decir nada. 

Cuando digo con agrado, lo digo de corazón, pues sin duda alguna usted, doctor Peñalosa, es de lejos el mejor de los candidatos para dirigir los destinos de la ciudad. Ha  demostrado usted, desde el Palacio de Liévano, que le cabe en la cabeza la ciudad, que tiene una visión de Bogotá progresista y social sin discursos populistas. Ha sido ejecutor y ha dado las peleas y se ha dado las pelas necesarias para hacer de la capital un mejor sitio de donde vivir. Me gusta como alguien alguna vez lo definía “como un político de ideario social y ejecución de derecha”.

Surtido el obligado paso de las merecidas flores, paso a contarle lo que me preocupa de su candidatura. En todas y cada una de las conversaciones privadas a las que he asistido, sus seguidores y detractores coinciden en que tiene  usted suficiente tiempo antes de las elecciones para hacer derrumbar su aspiración. Encuentran ellos en su prontuario político ejemplos claros de cómo usted mismo se ha encargado de dar al traste con sus pretensiones por la falta de audacia política en su discurso. Algunos, incluso lo culpan de que hayamos tenidos gobernantes de izquierda que han acabado con la esperanza de un buen vivir en la capital de la república. Yo sé que el problema no es que sean de izquierda o de derecha, sino que son incompetentes, ególatras y/o corruptos, pero en un país polarizado y mentiroso qué mejor argumento para irse lanza en ristre contra usted.

Ahora bien, como me quedó sonando el tema de la falta de audacia política que le endilgan me he dado a la tarea de preguntarle a algunos de nuestros conocidos comunes eso qué quiere decir. Me dicen ellos que usted peca por ser demasiado honesto en sus planteamientos y/o su visión, generando roncha en algunos sectores de la población (caso Country Club, metro, espacio publico, cultura ciudadana, etc…). Creen ellos, que usted considera que el debate de ideas y de lo que es correcto para la ciudad está por encima de la política y las alianzas políticas. En este punto mencionan también que su arrogancia, su emocionalidad y su lenguaje no ayudan a construir puentes o alianzas con otros grupos políticos y que cuando los construye los hace de manera poco asertiva (mala elección del compañero de baile).

Cuando leo los argumentos se me antoja pensar que cualquier persona con aspiraciones políticas debería poder darle manejo a estas objeciones. Sería como seguir el equivalente al Manual de Carreño para la política, aprendiendo a jugar con muñeca izquierda y muñeca derecha (no por las posiciones políticas), para ser de buen recibo en un amplio y disperso sector de la población. Pero qué le vamos a hacer doctor Peñalosa, uno es lo que es y usted no es eso y dudo mucho que quiera serlo. Si alguna vez recibió el manual del buen político creo que se le refundió en algún trasteo, o lo uso para prender la chimenea en alguna fría noche bogotana. Parte de su atractivo, por lo menos para mí, es que se aparta bastante de la idea tradicional del político y la manera de hacer política.

Y como sumercé no quiere cambiar, y como yo le recomendaría que no lo hiciera, decido ahora dirigirle esta carta a aquellos que me leen y que tienen en sus manos la posibilidad de votar para cambiar los rumbos de la ciudad.

En contra de Peñalosa se dice que divide la opinión de derecha o de centro. Desde mi visión, Si tieide la opinión de derecha e divide la votaci no podemos ser tan ciegos a esta propuesta. cho mas alla. caotico an que mejoEnrique Peñalosa no divide la opinión para permitirle a la izquierda quedarse con el poder. La opinión se divide en cada uno de nosotros y se divide simple y llanamente cuando anteponemos nuestro interés particular sobre el interés general y de la sociedad.  Se divide cuando pensamos que el Country Club está bien donde está, se divide cuando defendemos a ultranza el uso caótico de nuestros automóviles, cuando queremos hacer lo que nos parezca con el espacio publico o cuando queremos ver cultura de ciudad en otros distintos a nosotros mismos. Estamos dividiendo la opinión en defensa de nuestra miope visión y diminuta parcela sin darnos cuenta de que el vivir en sociedad va mucho mas allá. Esto nos propone Peñalosa y si bien genera roncha no podemos ser tan ciegos a esta propuesta.

“Neto, neto”, como diría un colega, es la carta ganadora no por su valor en las encuestas si no por su valor en la baraja. Valor que se ha ganado con la experiencia, visión progresista y envidiable capacidad ejecutora.


Ah casi me olvido de mencionar que si mi amigo Lozano, que es lo sano, lo acompaña, mejor aún.

martes, 10 de marzo de 2015

Como hacerse rico en el cartel de la justicia

Me contaba mi amiga Clara hace unos días, una ‘leyenda urbana’ que habla de un ilustre abogado que ha pasado del ejercicio de funciones públicas al ejercicio privado del derecho y nuevamente al ejercicio de funciones públicas. Decía Clara que el abogado asesoraba una empresa en un asunto profesional y que después de entregar un extenso concepto pasó una factura por 500 millones pesos. El gerente un poco sorprendido por el precio de los servicios, llamó al abogado y cuestionó el valor de la asesoría. El jurista, en tono calmado le respondió que iba a revisar el tema y si sentía que había cometido algún error ajustaría sus honorarios. Una semana después el mismo abogado envió el mismo concepto, esta vez acompañado de una factura por un valor de 10 millones de pesos. El gerente de la compañía llamó inmediatamente a su asesor a preguntarle a qué se debía la diferencia de precio tan grande y el abogado, con la frialdad que lo caracteriza, le contestó “El primer concepto lleva mi firma y vale 500 millones de pesos, el segundo concepto no lleva mi firma y vale 10 millones de pesos”.

Hoy después de una semana extenuante de trabajo para ganarme el pan de cada día, amanecí con esta historia en la cabeza y me cuestioné a mi mismo por haber abandonado la profesión de abogado, o más bien por no haberla ejercido nunca a pesar de haber pasado 5 años en la facultad de derecho y contar con tarjeta profesional. “Bestia”, me increpé.

De inmediato me puse a repasar en mi memoria algunos titulares de prensa y sus protagonistas y recordé más ejemplos del sin número de oportunidades perdidas que he tenido por la quizás tonta decisión que tomé en un momento crucial de mi vida. A continuación, en un acto de sadismo conmigo mismo, me permito enumerar solo algunas de las posibilidades que habría tenido en ejercicio de la profesión de abogado para hacerme millonario:

•       Pude haber sido un mediocre abogado, bien relacionado, para lagartearme un puesto en alguna alta corte,  para luego retirame de la magistratura y hacerme rico defendiendo bandidos o ayudándolos a estructurar negocios.
•       Pude haber hecho una fortuna defendiendo ladrones del sistema de salud, para luego ser nombrado fiscal general y tener altas pretensiones políticas.
•       Pude haber sido fiscal de la nación para luego retirarme a defender pillos y salir ileso de accidentes de tránsito.
•       Pude haberle hecho a algún presidente el favor (bien oneroso) de redactar leyes que favorecieran amigos mutuos o clientes míos sin que nadie supiera que había sido yo.
•       Pude haber sido ministro o procurador para luego ayudar a alguno que otro bandido a estructurar pirámides u otros negocios dudosos.
•       Pude haber sido magistrado de alguna corte, y según las últimas costumbres, solicitar buenas sumas de dinero para favorecer alguno que otro fallo.
•       Pude haber sido mal profesor, un mediocre abogado, para luego robar a mis clientes y hacerme nombrar por mis amigos en las altas cortes.
•       Pude haber pagado con favores a los padres de la patria por nombrarme en altos cargos de la justicia.
•       Pude haber trabajado en una reconocida firma de abogados estructurando, negocios dudosos, ganándome fama de  ‘abogado sofisticado’.
•       Pude haber fundado una firma de abogados, haberme hecho amigo de algún presidente, para hacerme nombrar en un puesto diplomático, usar mi cargo para el desarrollo de mis propios asuntos, mientras testaferreaba las acciones de mi propia firma.
•       Pude haber tenido una banda de amigos para que nos nombráramos en distintos cargos de la justicia y vía nuestro carrusel, hacernos ricos siendo muy mediocres.
•       Pude haberle hecho el favor a algún presidente de sapear a mis colegas, para luego recibir favores personales de parte del ejecutivo.
•       Pude haberme inventado alguna figura jurídica, haberme enriquecido usándola hasta el cansancio y de vuelta a la vida pública despotricar de mi propia figura y señalar como pillos a los abogados que quieren hacer fortuna con ella.
•       Pude haberme cambiado el nombre por Jaime o Abelardo (solo por citar un ejemplo), para luego tomar casos, hacer escándalos mediáticos y ganar fama y fortuna con el favor de los medios y el bullying a la justicia.

En este punto de mi escrito mi memoria empieza a nublarse y me cuerpo empieza a sentir un ligero mareo. Pensé que podría ser por la imagen de los numerosos ceros que acompañarían mi declaración de renta si tan solo hubiera aprovechado alguna de las oportunidades que relaté. Después de tomar algo de aire, caí en cuenta que lo que generaba mi malestar no eran las cifras de dinero perdidas, sino la evidencia de encontrarme frente a algo que podríamos llamar un cartel, y aunque me cueste y duela aceptarlo es el cartel de la justicia. Es que  si hay carteles de drogas, de pañales, de cuadernos, de cemento y de contratación, por qué no habría de existir un cartel de la justicia si es tan rentable (cada “vuelta”, de los hechos que enumeré, supera con creces lo que gana el gerente general de una compañía mediana en todo un año en Colombia).     

¿A qué horas la justicia se nos volvió un cartel? La verdad no lo sé, de pronto sería apropiado activar un bloque de búsqueda para que se dé a la tarea de encontrar a alias Juanpa,  a alias Tres Huevitos, a alias El Inútil y a  alias 8.000, para que nos compartan cuál ha sido su participación en la politización y cartelización del ejercicio de la ley y la justicia en Colombia. Así no mas, a vuelo de pájaro y haciendo cuentas de servilleta, me parece a mí que algo tienen que ver en este cuento, así sean ellos mismos los primeros en rasgarse las vestiduras y señalar a los demás.

Por último, saludo desde acá a conocidos y desconocidos míos que saben bien ejercer la profesión de abogado. Honran a nuestros maestros y por sobre todo a la ley. Los veo día a día rompiéndose el lomo (como yo lo hago) y les dejo la tranquilidad de que no ejerceré la profesión que estudie. Con ellos me siento identificado, pero sobre todo seguro de que  hay personas decentes que luchan para que uno de los bienes mas sagrados de toda sociedad recupere su dignidad. Hasta esos tiempos, espero no tan lejanos, “dura lex sed lex”.   








cuál es ese bien?

miércoles, 4 de marzo de 2015

La defensa de Nicolas Gaviria

Me permito hoy ir en contravía de la opinión de muchos para salir en defensa de Nicolás Gaviria, el presunto sobrino del Presidente Gaviria que en una trifurca con la policía fingió el parentesco con el ex-mandatario y amenazó a los uniformados. Les gritaba “usted no sabe quien soy yo” (en un acto legítimo de las más grande y representativa colombianada que tenemos).

Me enseñaban en la facultad de derecho, que el derecho consuetudinario permite que costumbres o comportamientos arraigados en los grupos sociales se conviertan en lo que técnicamente se llama fuentes del derecho. Es decir son manantiales para el ejercicio normativo del legislador.

Con esta aclaración, me permito defender al Señor Gaviria pues su comportamiento hace parte de los hábitos colectivos mas profundos que nos pueden identificar como colombianos y me atrevo a decir que debería ser regulado, protegido constitucionalmente e incluido en una nueva estrofa del himno nacional. Creo que el acto de aducir parentesco o amistad con alguien para obtener algo es el rasgo más representativo y transversal que tenemos como colombianos y nos corresponde a todos el deber de proteger las costumbres nacionales con fiereza.

Analicemos nuestros comportamientos en profundidad:

·      Los altos cargos del estado colombiano están ocupados  por amigos o parientes de los amigos. Esta condición permea a todos los niveles del Estado.
·      Las altas cortes están conformadas entre amigos o parientes de los amigos. Esta  condición permea a todos los niveles de la Rama Jurisdiccional.
·      Los senadores piden puestos para sus amigos y/o sus parientes para tramitar proyectos de ley.
·      Los cargos en los medios de comunicación nacionales o regionales están ocupados por los parientes o amigos de los fundadores o los amigos o parientes de los periodistas mas significativos.
·      Los contratos estatales se asignan a dedo o con marrulla a los amigos.
·      Los cargos en el sector privado están ocupados por parientes de los dueños o amigos de los parientes de los dueños.
·      Las oportunidades de nuevos negocios se les dan a los ricos que son amigos o parientes de los que ostentan el poder.

Estoy seguro de que todos y cada uno de los protagonistas de los hechos que enumeré tuvieron que usar en algún momento la frase “usted no sabe quien soy yo”, cuando algún iluso pretendió darle un tratamiento igualitario que iba en  contravía de sus propios intereses. Y es que bueno, parece que es imposible ser alguien si no se es pariente o amigo de alguien con poder. Y si es así, la verdad es que estamos siendo canallas con el Señor Nicolás Gaviria. Él representa en todo su ser el anhelo más puro que podemos tener todos los colombianos, que no es el ser nosotros mismos sino parientes o amigos de alguien. Al menos Nicolás, para nuestra cochina envidia, ha dado el salto para convertirse en el pariente y amigo referenciado con su escándalo, es decir, ahora sus conocidos podrán decir con orgullo que ellos son amigos o parientes del supuesto pariente del Presidente. Qué manera tan digna, bonita  y tan pero tan colombiana de ascenso social.    

Como no me gusta criticar sin proponer,  atendiendo a mi deber de protección de nuestros patrimonios culturales, Solicitaré cambien nuestra democracia en desuso y volvamos a un régimen monárquico que es a lo que verdaderamente nos parecemos. Si nuestras costumbres rigen que el parentesco, la amistad y el favor del poderoso son el camino de la propia identidad y del éxito, pues que así sea, y dejemos de una vez por todas las pretensiones lobas de igualdad, equidad, justicia  y meritocracia que tanto mal nos han hecho.

Muy a pesar mío no soy referenciado como el pariente o amigo famoso y no me atrevo a decir “usted no sabe quien soy” por simple temor a que sí sepan y se revienten de la risa, o que aún peor, relacionen mi apellido con “ciertas yerbas” que no quiero que me ayuden a definir mi identidad.